Soeurs de Marie Joseph et de la Miséricorde
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    Hermanas de la Misericordia

Hermanas de la Misericordia

Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todo lo demas vendra por añadidura." (Mt 6,33)

1789/1793 Un signo de la Providencia

La Revolución francesa de 1789 se terminó pero María-Teresa de Lamourous siguió todavía viviendo en su retiro del Pian Medoc, familiarizándose con la soledad y la contemplación.
La señorita de Pichon-Longueville, amiga de María-Teresa, había abierto en 1774 un asilo para las víctimas de la prostitución. La Revolución lo cerró.
En el mes de julio de 1800, volvió a empezar de nuevo y pagó para poner a una de estas pobres criaturas con una obrera… otras mujeres pidieron lo mismo. Se alquiló una habitación, después otras, y en agosto, 15 pensionistas fueron agrupadas en la casa de una señora, Señora Laplante.
Agobiada, Jeanne Pichon pidió ayuda a su amiga…
¡Pero la señorita de Lamourous se indignó ante esta propuesta!... ¡Tenía tal horror de estas mujeres, que se obligaba a dar largos rodeos para no encontrárselas!... Aceptó sin embargo hacer una visita a la casa Laplante. Cuando se encontró en medio de las arrepentidas, su repulsa a estas mujeres desapareció; un torrente de paz inundó su alma.
En cada nueva visita, las pobres mujeres la acogían con alegría. Pero María-Teresa tenía dudas todavía y se iba de vuelta a su retiro… Su director espiritual, el padre Chaminade, la dejaba libre…

1801/ Fundación

El 1 de enero de 1801, asistió en sueños al juicio final. Antes de caer en el abismo, las pecadoras le hacían este reproche: “¡si hubieras venido, nos hubiéramos salvado!”…
María-Teresa se fue de repente para Burdeos, enferma e incapaz de recorrer el camino a pié… Montó en una burra que la tiró al suelo varias veces. ¿Se contentaría con una simple visita?... Llegó así a Burdeos, fue a ver a las arrepentidas con Jeanne de Pichon y el padre Chaminade y, cuando llegó el momento de irse, cogió la vela, acompañó a sus amigos y dijo simplemente: “¡Hasta luego! ¡Me quedo aquí!”
¡De tal modo que el 1 de enero de 1801, se quedó con 15 mujeres arrepentidas! Conquistó a estas mujeres, despreciadas por todos, mostrándoles su respeto, su estima, su amistad, y sólo con un simple gesto: ¡tiende la mano! Estableció una obra sobre la base de la vida familiar y de la libertad: “La Misericordia”

Principios difíciles

Al principio, la obra encontró algunas dificultades: falta de trabajo, falta de dinero para el pan cotidiano. Varias veces la señorita Lamourous pensó abandonar todo. ¡Pero unas ayudas inesperadas le mostraron que hacía la obra de Dios!
El 14 de mayo de 1801, día del Ascensión, el padre Chaminade, nombrado superior, impuso un hábito a las pensionistas, hizo la lectura del reglamento y fue así como una comunidad de 35 arrepentidas nació. Todas aceptaron el nuevo reglamento con docilidad, algunas con placer.
Ese mismo año unas colaboradoras se unieron a María-Teresa de Lamourous: Jeanne Véronique CORDES, Rose BIDON, Jeanne PLESSIS y Laure de LABORDERE, sobrina de Marie Thérèse de LAMOUROUS. Laure de Labordere tuvo un papel importante sucediendo a su tía.

1814/ La obra se materializa

Fue necesario formular un reglamento para las arrepentidas y para las colaboradoras. Las Constituciones de las hermanas de la Misericordia de Burdeos eran la obra personal de María-Teresa de Lamourous, quién las elaboró progresivamente a partir de 1814. Eran de cierta manera la grabación de sus marcadas ideas que inculcó a sus colaboradoras, especificó deberes, obligaciones, prácticas y usos que fijó poco a poco, desde el día que decidió convertir la Misericordia en Congregación.
Entonces, de 1814 a 1832, quedando abierta a todas las mejoras que la experiencia podía indicar, estudió, pidió consejos, consultó, observó, leyó, para asegurarse la más extensa documentación posible sobre la vida religiosa en obras similares a la suya.
De 1832 a 1836, fecha de su muerte, escribió el Reglamento que quiso dejar a la Misericordia, para asegurarse su duración.

1836/1855 Regla de Vida

Cuando María-Teresa de Lamourous muere, todo lo relacionado con la vida de las arrepentidas estaba definitivamente elaborado en sus escritos. Para las hermanas, la “Buena Madre”, les había hecho vivir bajo su infatigable dirección la vida religiosa que pensó era la mejor, adaptada a sus vocaciones específicas e hizo para ellas numerosas notas. Poniéndolas juntas, ordenándolas, completándolas, estas notas podrían convertirse fácilmente en Constituciones.

Laure de Labordere fue designada para terminar este trabajo; pero la enfermedad del padre Chaminade, su muerte y su propia elección como superiora de la Sociedad de María, retrasaron la redacción final de las Constituciones. El 1 de septiembre de 1847 el texto terminado fue remitido a la autoridad eclesiástica.
¿Sería por la Revolución de 1848, o por las modificaciones y los cambios pedidos por la autoridad diocesana? ¿Sería simplemente el efecto de la lentitud de los procesos administrativos?
Fue el 20 de abril de 1855 cuando las Constituciones fueron aprobadas por el Cardenal Donnet, Arzobispo de Burdeos.

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