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      Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones 2017

Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones 2017

Jornada de Vocaciones Nativas

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  • 28 de abril de 2017
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El 7 de mayo se celebra de manera conjunta la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la Jornada de Vocaciones Nativas con el lema, “Empujados por el Espíritu: «Aquí estoy, envíame»”.


JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES Y JORNADA DE VOCACIONES NATIVAS 2017

ORACIÓN

Padre, quiero abrir mi corazón al mundo,
dar a conocer el tesoro de tu ternura
y anunciar tu alegría a mis hermanos.
“Aquí estoy, envíame”.
Quiero ser “portador de Cristo”,
profeta de tu palabra y testigo de tu amor,
hasta alcanzar los confines de la tierra.
“Aquí estoy, envíame”.
Tú, que nos empujas con tu Espíritu
y superas nuestras expectativas,
camina conmigo y sé siempre mi fuerza.
“Aquí estoy, envíame”.
Te lo pido por medio de María,
la humilde, la generosa, la valiente.
Amén.

*****

Testimonio de vocación a la Vida Religiosa: "Seguir a Jesús es vivir un estilo de vida a contracorriente"

Beatriz García Comyn, juniora de las Religiosas de los Sagrados Corazones, ha ofrecido su testimonio de vocación "al seguimiento de Jesús, a una vida a contracorriente, como nos gusta a los jóvenes de hoy" en la rueda de prensa de presentación de la Jornada de Oración por las Vocaciones y Vocaciones Nativas 2017 celebrada esta mañana en Madrid.

Esta Jornada bajo el lema "Empujados por el Espíritu: Aquí estoy, envíame", es animada en España conjuntamente por la Conferencia Episcopal, Obras Misionales Pontificias y la CONFER, y se ha presentado a los medios a través del testimonio personal de una misionera -Esperanza Becerra Medina, religiosa consolata enviada a Mongolia y que trabaja con el primer sacerdote mongol, Enkh Joseph-, un seminarista -Francisco Javier Peño Iglesias, del Seminario conciliar de Madrid-, y una religiosa, Beatriz García -en su quinto año de juniorado-.

En su camino de discernimiento, señala Beatriz, “tuve experiencias de voluntariado, desde una vida sencilla. Me iba encontrando en esa doble situación: la vida del mundo acelerada y la otra vida de realidades de sencillez y pobreza… y yo entraba en contradicción con mi vida. Se iba forzando ahí la pregunta y si éste podría ser mi estilo de vida, que potenciara mi mejor yo, viviendo referenciada a Dios. Digo que sí que me atrae, que tiene pleno sentido hoy”.

“El mundo necesita ternura -afirma-, compasión, amor. La vida religiosa me posibilita ser ternura para otros y no puedo serlo sola. Fue Dios quien me dio el sentido. Dios sigue moviendo y alentando el mundo. Mi vida es sencilla y apasionante”.

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"Quien se deja atraer por la voz de Dios y se pone en camino para seguir a Jesús, descubre enseguida, dentro de él, un deseo incontenible de llevar la Buena Noticia a los hermanos, a través de la evangelización y el servicio movido por la caridad."

Jesús es ungido por el Espíritu y enviado.

Ser discípulo misionero significa participar activamente en la misión de Cristo, que Jesús mismo ha descrito en la sinagoga de Nazaret: «El Espíritu del Señor
está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar
a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la
vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor»
(Lc 4,18). Esta es también nuestra misión: ser ungidospor el Espíritu e ir hacia los hermanos para anunciar la Palabra, siendo para ellos un instrumento de salvación.

Jesús camina con nosotros.

Ante los interrogantes que brotan del corazón del hombre y ante los retos que plantea la realidad, podemos sentir una sensación de extravío y percibir que nos faltan energías y esperanza. Existe el peligro de que veamos la misión
cristiana como una mera utopía irrealizable o, en cualquier caso, como una realidad que supera nuestras fuerzas.

Pero si contemplamos a Jesús Resucitado, que camina junto a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 13-15), nuestra confianza puede reavivarse; en esta escena evangélica tenemos una auténtica y propia «liturgia del camino», que precede a la de la Palabra y a la del Pan partido y nos comunica que, en cada uno de nuestros pasos, Jesús está a nuestro lado. Los dos discípulos, golpeados por el escándalo de la Cruz, están volviendo a su casa recorriendo la vía de la derrota: llevan en el corazón una esperanza rota y un sueño que no se ha realizado.

En ellos la alegría del Evangelio ha dejado espacio a la tristeza. ¿Qué hace Jesús? No los juzga, camina con ellos y, en vez de levantar un muro, abre una nueva brecha. Lentamente comienza a trasformar su desánimo, hace que arda su corazón y les abre sus ojos, anunciándoles la Palabra y partiendo el Pan. Del
mismo modo, el cristiano no lleva adelante él solo la tarea de la
misión, sino que experimenta, también en las fatigas y en las incomprensiones, «que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo
con él en medio de la tarea misionera» (Evangelii gaudium, n. 266).

Jesús hace germinar la semilla

. Por último, es importante aprender del Evangelio el estilo del anuncio. Muchas veces sucede que, también con la mejor intención, se acabe cediendo a un cierto afán de poder, al proselitismo o al fanatismo intolerante. Sin embargo,
el Evangelio nos invita a rechazar la idolatría del éxito y del poder, la preocupación excesiva por las estructuras, y una cierta ansia que responde más a un espíritu de conquista que de servicio.

La semilla del Reino, aunque pequeña, invisible y tal vez insignificante, crece silenciosamente gracias a la obra incesante de Dios: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme
de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo,
sin que él sepa cómo» (Mc 4, 26-27).

Esta es nuestra principal confianza: Dios supera nuestras expectativas y nos sorprende con su generosidad, haciendo germinar los frutos de nuestro trabajo más allá de lo que se puede esperar de la eficiencia humana.

Con esta confianza evangélica, nos abrimos a la acción silenciosa del Espíritu, que es el fundamento de la misión. Nunca podrá haber pastoral vocacional, ni misión cristiana, sin la oración asidua y contemplativa. En este sentido, es necesario alimentar la vida cristiana con la escucha de la Palabra de Dios y, sobre todo, cuidar la relación personal con el Señor en la adoración eucarística, «lugar»
privilegiado del encuentro con Dios." Santo Padre Francisco

Como preparación para esta Jornada se hacen públicos unos materiales que elaboran de manera conjunta la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades, Obras Misionales Pontificias (OMP) y CONFER.

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